lunes, 21 de noviembre de 2011

De niño a Lobo.


Soy caprichoso hace ya un tiempo, mi vida sigue siendo algo realmente increíble, me gusta disfrutar cada momento. Pero lo que realmente me quita el sueño es saber que hay una que me está esperando. ¿Cómo puede ser sólo una? Somos millones los habitantes que hay en el planeta y debo tener la suerte de encontrar sólo a una. Vaya que jodido estoy. Para empezar me llaman la atención millones de ellas, dulce regalo que la divinidad le dio al hombre para que lo acompañara por el andar de la vida.
Son ya años los que han pasado, no tenía más de trece años cuando fue la primera vez que una mujer me hizo entender que es ser hombre. Vaya con mi niñez si bien ya había tenido acercamientos bien carnales, pero nada como esto. De hecho no sabía qué hacer, pero cuando vas a la guerra con una guerrera, la batalla será feroz.

Mis trece años fueron invadíos por la pasión de una belleza de diez y siete. Vaya con la niñita, pero de verdad sabía qué hacer. Todo empezó con la inocencia de niño, no me daba cuenta que me estaban seduciendo. Comenzaba a ser hombre cuando voy a arrendar un caballo para salir de paseo por el maravilloso sur. Cuando me estoy subiendo a mi potro me doy cuenta que atrás mío venía una bella morena un tanto mayor que yo. Para mi sorpresa la bella chica no sabía montar, le digo que la puedo ayudar, pero una vez ella se sube me dice que no es necesario. Bien pensaba, ella sabrá cuando. Empezamos a caminar con los caballos bien despacio, con nosotros iban tres personas más. Cuando uno de los jinetes empezó a correr los otros caballos empezaron a hacer lo mismo. Ahí fue el primer pero, resultaba que la belleza no sabía nada de caballos, gritaba que la salvaran urgente, tenía miedo a morir porque su caballo se desbocó, que le han dicho a un jinete fanático como yo, en cosa de segundos salgo cabalgando detrás de ella para frenar su caballo, gracias a Dios yo andaba en el potro que era bastante más veloz por lo cual mientras miraba desde atrás como se veía un cuerpo bastante escultural saltar si freno, me acerco desde un costado cuando veo con asombro algo que ya me había percatado, tenía los pechos más bellos que había visto, pero con el movimiento del caballo hacía que se formaran más y me hipnotizara por segundos. Gracias a una habilidad innata que siempre tuve con los caballos, puse detener la loca cabalgata que llevaba la bella morena.

Una vez, se había pasado el susto la morenaza me da las gracias y le pregunto si me quiere acompañar a hacer esquí acuático, un deporte que siempre fui un fanático, Nos fuimos al lago anduvimos el resto de la tarde haciendo de las nuestras en el agua, empujados por un motor bastante potente, donde las piruetas hacían de mi cuerpo notorio los nuevos músculos que notoriamente se estaban transformando de niño a hombre. Terminábamos la sesión de deporte cuando llegando al muelle veo un bote a remos estacionado a un costado, ella lo mira y me pregunta ¿Lo podemos usar, para ir a la isla? Lo pienso unos segundos y veía la isla de los conejos al frente cuando, me doy cuenta que en la isla no había nadie y la pregunta me parecía ya sospechosa.

Bueno amigos un hombre no es hombre hasta que una mujer se lo demuestra. El viaje a la isla fue bastante provocativo. Hasta ese entonces había tenido solo relaciones ingenuas de niño inocente. Mientras remaba ella empezaba con el juego de la seducción, un tema que para ese entonces no sabía todavía cuanto poder tienen ellas sobre nosotros, algo que cuando uno es niño no lo nota, más bien no nos importa porque ellas de verdad no llaman la atención todavía de nuestra alma de niño, nos alejamos de esa realidad porque nuestra inocencia aun no lo permite, aunque ellas maduren antes, de verdad los hombres nos demoramos un poco más en nuestro despertar sexual.

Pero maldición como desperté, ella comenzó con el famoso juego del bronceador, se saca su camiseta y sus pantalones cortos que ya estaban ajustados, quedando en un diminuto bikini. En esos segundos me di cuenta que había dejado de ser un niño. Ella movía sus morenos cabellos de forma tan sensual que ya mi control interno se estaba fundiendo, dejándome en estado bastante atónito. El culmine de la aventura era fuera de serie, yo ya había pasado horas con la morenaza, cuando por fin llegamos a la isla, después de una serie de insinuaciones que ya eran demasiado obvias. Pero que iba hacer un pequeño hombre de no más de trece años. Cuando repentinamente ella me pide que la ayude con el bronceador. Amigos en esos segundos todo se había desatado, nunca había tenido relaciones con una chica todavía, pero se hacía notar que este será el comienzo de mi historia de hombre. Cuando me pasa el bronceador ella corre su morena cabellera a un costado insinuándome que comience con su espalada, pero al mismo tiempo levanta su cola lo cual me deja un tanto desconcentrado, ella me hace señas para que comience con sus hombros. Pero amigos de verdad esa colita de diez y siete años ya era demasiado llamativa para mí, Fue ahí cuando me daba cuenta que había un lobo en mi interior.
Todo empezó con suaves masajes en su espalada, algo donde era absolutamente autodidacta. Pero aquí empezó la función, mientras pasaba el bronceador por su espalada, la tentación que provocaba pasar tan cerca de esa cola era irresistible, mi calidad de niño tímido me frenaba, pero mi lobo interior me decía algo, en cosa de segundos cuando estaba en su espalda me daba cuenta que levantaba su bella cola para algo, me mordía mis propios dientes, como frenaba este instinto que me empezaba a controlar a mí.

Bueno, como siempre mi instinto de lobo hizo de las suyas, poco a poco comencé a abusar del bronceador, la colita ya era mía, pero esto no queda ahí, fue peor cuando ella levanta su cola como si necesitara más bronceador, estos eran segundos sublimes. Pero cuando ella se pone de lado mis manos se fueron directamente a su estomago que estaba plano, con su espalda contornada, fue ahí cuando ella tomo las riendas de la seducción, me toma de la cabeza acercándome a ella, toma mi boca con sus dedos para juntarla con sus labios gruesos, los cuales se apoderan de mí, poco a poco me va quitando la ropa, fue aquí cuando me doy cuenta que tenía la mejor profesora de ciencias naturales que hay en el mundo, ustedes dirán que tiene que ver esto con esta locura, pues bien fue ella quien nos dejó claro las partes más sensibles de la mujer, cosa que tome mucha atención y supe poner en práctica a la perfección.

Mi boca supo qué hacer en todo momento, poco a poco supe el sabor delicioso que tiene una morena de diez y siete años. Su cuerpo era tan perfecto que la espada del templario tenía claro la tarea que debía cumplir. En cosa de segundos éramos dos cuerpos desnudos en la isla de los conejos, ante la mirada atónita de esos seres de ojos colorados, que veía los cuerpos jóvenes haciendo de la pasión un deleite de la naturaleza.
La tarde se pasaba en forma tan rápida, que me faltaba tiempo para jugar con tan deliciosa carne, fue absolutamente una explosión de energía, pero su mirada me dejaba claro que ya no era un niño, que mi lobo interior supo qué hacer en el minuto debido.

Lo más impresionante de toda la situación, fue que nuestros momentos de pasión no habían quedado inadvertidos, cuando nuestros cuerpos ya se derretían junto a nuestro bote y semejante paisaje de la naturaleza, miraba como caían desmayados de placer miles de conejos alrededor nuestro, como si les hubiéramos recordado lo placentero que es el acto pasional de la reproducción.
Un pequeño recuerdo de lo que es una bella morena que pasó por mi vida, un beso para ella por ser tan bellamente sensual y despertar mi lobo interno que todo hombre tiene.